CUANDO SE ESCUCHA AL OTRO

Cuando se escucha al otro
El pensamiento se agita;
Si el otro no está, se detiene.
Nos movemos, nos conmovemos;
De resto nos detenemos, nos estancamos.
No aceptamos que desaparezcan a los otros:
Ni de los museos, ni de las bibliotecas,
Ni de los teatros, ni de los auditorios,
Ni de los colegios, ni de las universidades,
Ni de los medios, ni de las redes,
Ni de las calles, ni de los caminos.
Para el Foro abierto sobre el teatro en tiempo huracanado
Sábado 24 de octubre 3 pm Casa de Fu Teatro Vargastejada
Por Camilo Ramírez T
El teatro consiste en ver al otro, su diferencia. De allí que el conflicto sea la base del drama. El drama vive en el conflicto y esa es su sustancia, su método, su enseñanza. Los personajes se activan en la diferencia. El conflicto se inicia, se anuda, se desenlaza. Se vislumbra un nuevo orden, pero la conclusión incuba nuevas diferencias, nuevos dramas, la estabilidad es solo temporal.
El teatro enseña a vivir en el conflicto, a preservar la diferencia, porque lo otro le es indispensable. El teatro es el arte del otro y cuando puede verlo, comprenderlo a profundidad, se distancia de la mirada maniquea que reduce la realidad a una oposición entre lo bueno y lo malo. La singularidad es inalienable y vive en comunidad porque necesita del otro.
El llamado a la “guerra cultural” es una visión maniquea. El eslogan “Qué viva Cristo Rey”, en una república democrática, laica, con diversidad cultural, derechos ciudadanos y libertad de expresión, es un desaguisado. Pero su origen entre los cristeros mexicanos, posterior uso por el Franquismo en España y por el Laureanismo en Colombia, hace pensar que es más que un disparate; es peligroso.
¿Acaso la "Contra revolución cultural" proyecta para nuestro futuro una guerra civil como la de los años cincuenta, agravada hoy con la dependencia tecnológica y militar de la ultraderecha global? Desde el teatro de ficstoria rechazamos de plano un futuro tal; el exterminio del otro no es alternativa y por ello no aceptamos el recrudecimiento de la violencia. Así, nuestra opción será, como ha sido hasta ahora, recurrir a la creación teatral con memoria y autonomía crítica, a la solidaridad con el sector de las artes y los movimientos sociales. Entonces, diremos mejor, ¡Que viva la vida! ¡Que viva el teatro!
Empero, no vale solo decirlo, hay que llevarlo a la práctica. Y, perdonen la ironía, con ese rey en la cabeza ¿cómo podremos sostener el duro trabajo creativo? Es sabido que la sostenibilidad de las artes gravita en torno a la financiación estatal . Si bien los mecanismos que se han construido durante los últimos 30 años tienen problemas inocultables, han sido el camino para que se cumplan, al menos parcialmente, las obligaciones del sector público para con la cultura. Artistas, agrupaciones, funcionarios, hasta tramitadores han logrado, en parte, vivir con esos recursos. ¿Cómo se hará teatro sin becas, sin salas concertadas, con el presupuesto del estado al mínimo?
Hemos dicho, hablando de esta Temporada de Teatro Cercano que
“Las condiciones precarias de producción no son obstáculo para los jóvenes, muchos de ellos estudiantes de teatro, que quieren manifestarse, sin someterse a las limitaciones que impone un medio estrecho y mezquino, a la vez que exigente.”
Y también decimos que así es más bello el teatro, porque tiene el poder del arte y no el peso de la sumisión, tiene la fuerza de la vida y no la complacencia del asentimiento y la resignación; y lo comprobamos en cada función, porque hay un público que escuchamos y nos escucha y al hacerlo se percata de que un teatro a contrapelo es el más hermoso espectáculo y no hay tramoya que se le compare, ni oficina que se le enfrente.
Pero se necesita tiempo, educación, trabajo y “no hay deuda que no se pague”, como dice Tirso en el don Juan. En ello vivimos y pelearemos esos recursos del estado, organizados y perseverantes, porque “no hay plazo que no se cumpla”. Entre tanto, con la pasión de siempre, habrá que robar el tiempo a otras labores remuneradas, para estudiar y hacer el teatro que queremos. La necesidad de encontrarse con el otro en la escena, a través de la creación teatral, no da tregua y es más fuerte que la precariedad.
En el mismo sentido me pregunto, finalmente, si las becas y demás eran la fuente de reconocimiento público, ¿de dónde se obtendrá, en el peor escenario de desfinanciación, la autoridad, el prestigio, la fama que otorgan los recursos del estado? La legitimidad, si es verdad que hacemos arte, tendrá que venir entonces del conocimiento, del estudio, del esfuerzo, de la tenacidad, de la sensatez, tanto de los artistas como del público y de los mediadores. Pero también del ingenio, de la inventiva, de la maña para comunicarnos y encontrarnos, para obtener recursos y con ellos o sin ellos, convocar un público que llegue, no por lástima, ni por obligación; por gusto, por placer, por inteligencia, por deseo y compromiso con el arte y la cultura.
CAMILO RAMÍREZ TRIANA
CEFI 23 de octubre de 2026



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