LO IMPERDONABLE

Fue reconfortante ver la obra de Polymnia Teatro, y pienso que lo fue, en primera instancia, por el planteamiento espacial que hicieron en la Garcia Marquez original. La amplia sala se organizó en secciones equilibradas, con pocos elementos escénicos que fueron apareciendo sin mayor prosopopeya. Al fondo, la pantalla para proyecciones, en los laterales algunas sillas, al centro una mesa pequeña, papeles al rededor, una casi cruz a la izquierda del público en prosenio , hecha con un número preciso de cajitas de madera pulida que, despues se sabrá, son cofres con restos óseos exhumados de personas desaparecidas. En el centro, casi entre el público, el proyector con su computador y las herramientas digitales que van a utilizar.
La acción se desarrolla con énfasis inicial en movimientos y desplazamientos dancísticos, que a la postre se descubren significativos, aunque al paso parecen repetirse sin declarar suficientemente su sentido. La evolución de la acción va activando el espacio y se va diferenciando con la aparición de personajes; talvez sería mejor llamarlos actantes para subrayar lo abstracto y funcional de su accionar, que es a mi entender uno entre varios aciertos que tiene el montaje. Con un vestuario básico que muy poco cambia, los actores permanecen todo el tiempo en el escenario, a la vista del público.
Estos actantes van transitando por los actores sin detenerse en el género o en otros detalles, imprescindibles en una representación naturalista. Cambian a medida que avanza el enfoque del relato, no centrado en la reconstrucción de acciones, que serían naturales en medio de la violencia paramilitar y la desaparición de personas en San Carlos Antioquia a finales del siglo XX, acontecimiento histórico y memorioso de referencia.
Pero el relato, que está bien documentado, no se soporta solo en testimonios videográficos documentales, que si bien son utilizados, se contrapesan con los cuerpos vivos de los actores y los fragmentos dramáticos de la estructura. La herramienta tecnológica dialoga sin aspavientos con los actantes, al punto que deja claro que es uno más de ellos.
Y tampoco el relato es exclusivamente verbal; se mueve por distintas formas de violencia desarrolladas con los varios lenguajes utilizados: el video, los sonidos, los cuerpos, las voces, los objetos, las luces. Del empapelamiento legal se pasa a la cotidianidad infantil, a la amenaza y aparición del peligro, a la incertidumbre, a la desaparición, a la búsqueda, a los testimonios, a la multitud, a la anécdota dramática que conduce al encuentro con el victimario y a la bondad maternal de una parcial restauración, sanación posible por la memoria.
Niños, habitantes, joven desaparecido, la madre, parientes, victimas, victimarios, visitan la escena en un orden no necesariamente cronológico, que logra así presentar una dimensión que podría llamar armónica, por la precisión y claridad de la puesta en escena, simbolo de la barbarie vivida y de la reconciliación necesaria, que alienta con formas y raíces una memoria que no debería desaparecer.
“Lo imperdonable” se presenta todavía hoy y mañana en la Garcia Márquez la Original.
Camilo Ramírez Triana
CEFI
30 de octubre de 2026


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